domingo, 21 de diciembre de 2014

El secreto de los Reyes Magos de Oriente.

Como contarles a nuestros hijos, porque los padres les dejamos los regalos y no los Reyes Magos, es un tema que nos puede preocupar y que hay que tratar con mucho tacto para que no pierdan la ilusión y la alegría. 
Hoy os dejo una bonita historia, que me pasó una amiga hace ya unos años y que quiero compartir con todos vosotros. 
A mi me ayudó con mis hijas mayores y la guardo para cuando llegue el momento de explicárselo a mi hijo pequeño. 


Cuando el Niño Dios nació, tres Reyes que venían de Oriente guiados por una gran estrella se acercaron al Portal para adorarle. Le llevaron regalos en prueba de amor y respeto, y el Niño se puso tan contento y parecía tan feliz que el más anciano de los Reyes, Melchor, dijo:
- ¡Es maravilloso ver tan feliz a un niño! Deberíamos llevar regalos a todos los niños del mundo y ver lo felices que serían.
- ¡Oh, sí! -exclamó Gaspar-. Es una buena idea, pero es muy difícil de hacer. No seremos capaces de poder llevar regalos a tantos millones de niños como hay en el mundo.
Baltasar, el tercero de los Reyes, que estaba escuchando a sus dos compañeros con cara de alegría, comentó:
- Es verdad que sería fantástico, pero Gaspar tiene razón y, aunque somos magos, ya somos ancianos y nos resultaría muy difícil poder recorrer el mundo entero entregando regalos a todos los niños. Pero, ¡sería tan bonito!.
Los tres Reyes se pusieron muy tristes al pensar que no podrían realizar su deseo. Y el Niño Jesús, que desde su pobre cunita parecía escucharles muy atento, sonrió y les dijo:
- Sois muy buenos, queridos Reyes, y os agradezco vuestros regalos. Voy a ayudaros a realizar vuestro hermoso deseo. Decidme: ¿qué necesitáis para poder llevar regalos a todos los niños?
- ¡Oh, Señor! -dijeron los tres Reyes postrándose de rodillas. Necesitaríamos millones y millones de pajes, casi uno para cada niño que pudieran llevar al mismo tiempo a cada casa nuestros regalos. Pero, no podemos tener tantos pajes, no existen en el mundo tantos.
- No os preocupéis por eso -dijo El Niño Jesús-. Yo os voy a dar no uno sino dos pajes para cada niño que hay en el mundo.
- ¡Eso sería fantástico! Pero, ¿cómo es posible? -dijeron a la vez los tres Reyes con cara de sorpresa y admiración.
- Decidme, ¿los pajes tendían que querer mucho a los niños, verdad? -preguntó el Niño Jesús.
- Sí, claro, eso es fundamental, asistieron los tres Reyes.
- ¿Y esos pajes deberían conocer muy bien los deseos de los niños?
- Sí, sí. Eso es lo que exigiríamos a un paje, respondieron cada vez más entusiasmados los tres.
- Pues decidme, queridos Reyes: ¿hay alguien que quiera más a los niños y los conozca mejor que sus propios padres?
Los tres Reyes se miraron asintiendo y empezando a comprender lo que El Niño Jesús estaba planeando, cuando la voz de nuevo se volvió a oír:
- Puesto que así lo habéis querido y para que en nombre de los Tres Reyes de Oriente todos los niños del mundo reciban algunos regalos, en Navidad, conmemorando estos momentos, todos los padres se conviertan en vuestros pajes, y que en vuestro nombre, y de vuestra parte regalen a sus hijos los regalos que deseen.
También, mientras los niños sean pequeños, la entrega de regalos se haga como si la hicieran los propios Reyes Magos. Pero cuando los niños sean suficientemente mayores para entender esto, los padres les contarán esta historia y a partir de entonces, en todas las Navidades, los niños harán también regalos a sus padres en prueba de cariño. Alrededor del Belén, recordarán que gracias a los Tres Reyes Magos todos son más felices.

Es una preciosa historia, a mi hija mayor le emocionó pero le tranquilizó mucho y se sintió feliz y mayor de saberlo y ser nuestro cómplice con sus hermanos pequeños y lo mismo sucedió con la segunda cuando se lo contamos.

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