domingo, 15 de abril de 2018

Descubriendo la belleza del mundo real frente al virtual

Estamos ante una generación de niños y jóvenes cada vez más nerviosos, más movidos y con una atención más dispersa, a consecuencia de un exceso de estímulos, al que les hemos ido sometiendo desde su nacimiento.
Lamentablemente una vez metidos en esta sociedad tan tecnológica, no estamos dispuestos a rebajar el uso de las pantallas, que cada vez nos piden más y más.
Como consecuencia, a nuestros niños y jóvenes de hoy les cuesta encontrar el gusto por las cosas y enseguida se aburren del todo, o no encuentran motivación por nada.
Son incapaces de apreciar el mundo que les rodea, de fijarse en los detalles, de admirar la sencillez y la belleza de la naturaleza, de parar a pensar el porqué de las cosas, de entusiasmarse por la lectura, y por supuesto, encontrar sentido y gusto al estudio.
Necesitan emocionarse para sentir esa atracción, esa curiosidad por las cosas que les llevará a prestar atención, a querer saber y aprender más.
En cambio viven en un mundo en el que todo se mueve por impactos de sonidos, luces, movimientos, pantallas, videojuegos…
Desde que son pequeños, a nuestros hijos les acostumbramos a las pantallas; para que no den la lata en el supermercado, les dejamos el móvil; para que no se les haga tan pesada la espera en el médico, les dejamos el móvil o nos llevamos la tableta o la videoconsola; para que dejen hacer la cena o trabajar les ponemos la tv; para ir en coche lo mismo, pantallas otra vez.

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